Vamos a retroceder en el tiempo, ¡32 años después del mítico jonrón de Marquetti!

¡El tiempo pasa tan rápido como vuela una pelota cuando la masa del bate la impacta más allá de las cercas!: Han pasado 32 años después del “Juego más Grande de todas las postemporadas”, aquel entre Industriales y Vegueros un 19 de enero de 1986, decidido de manera espectacular por un jonrón de “Don Agustín Marquetti”.

Desde que miras las alineaciones, te das cuenta que fue un partido especial, con un choque de generaciones plagadas de estrellas. Los abridores eran Reynaldo Costa y Lázaro de La Torre, un ganador de la Triple Corona del pitcheo (en la Serie Selectiva de 1984) contra el quinto lanzador de más victorias (208) en la historia de las Series Nacionales. Entre un line up y otro, hubo presencia de seis bateadores que terminaron sus carreras con al menos 1050 impulsadas, cuatro bateadores de 200 o más jonrones, dos de 300 o más y Omar Linares, uno de los tres que tiene el club de 400 cuadrangulares.

La noche del 19 de enero de 1986 era decisiva para Industriales: El triunfo le daba a los Azules la sexta corona, reafirmando su reinado absoluto en las primeras 25 Series Nacionales. En cambio, si Vegueros ganaba, había que jugar un partido extra, con la decisión de la sede mediante un sorteo al finalizar el duelo. Antes del debut de los playoffs en la temporada de 1986, Industriales (5), Vegueros (4) y Azucareros (3) concentraban la mitad de los primeros 24 títulos en el béisbol cubano. 

Aquí están mis recuerdos inolvidables del partido, después de arruinar la cinta de mi casete de video, hace más de 20 años, donde repetía una y otra vez los momentos de aquel icónico juego de playoffs. ¿Quieres encontrar un guión perfecto para la decisión espectacular de un campeonato? El juego final de 1986 es el ejemplo perfecto que cualquiera buscaría para escribir la historia sensacional de un campeón. 

La curva de Reynaldo Costa y esa mascota divina de Juan Castro

Es posible que las nuevas generaciones no hayan visto la era de Juan Castro, a quien no pocos resaltan como el receptor más completo defensivamente en la historia de las Series Nacionales. Si te sucedió como a mí, que nací a finales de los 1980s, creo que, de solo ver esta elegante mecánica, quedarás totalmente atrapado por su excelencia defensiva… ¿Has visto un short stop detrás del home?

“El Señor Pelotero” y el ¡back-to-back!

Es cierto que utilizar el bate de aluminio generaba una gran ventaja para los bateadores sobre los pitchers, pero estos dos señores tenían una fuerza descomunal: Luis Giraldo Casanova, “El Señor Pelotero”, como lo bautizó Bobby Salamanca, y Lázaro Madera, el hombre del swing implacable, que era capaz de desaparecer cualquier pelota en el espacio más intrincado posible de la zona de strike. Ambos golpearon la bola rápida de Lázaro de La Torre, y la pelota tosía rumbo a la banda (contraria) del right field.

Omar Linares saca un batazo “monstruoso” por el left center

Francisco Despaigne completó un relevo inmenso por los Industriales, pero Omar Linares le pegó uno de los batazos más grandes que se han visto en 71 años de juegos en el estadio Latinoamericano. De cualquier manera, eso no cambió el brillo de Despaigne, pero es imposible olvidar este bambinazo enorme en el inicio del tercer capítulo, donde hasta el camarógrafo se perdió:

Rolando Verde activó el coro en el Coloso del Cerro

Reynaldo Costa dejó la curva muy mansa… y Verde haló a más no poder… Luego sucedió esto:

Alfonso Urquiola se molesta con sí mismo y patea la almohadilla de la inicial

¡Oye, no es para menos! El mítico intermedista del número “8” de los Vegueros, Alfonso Urquiola, estaba agachado en el cajón de bateo… paciente, esperando darle la bienvenida a su rival, el diestro Francisco Despaigne. Después de un elegante “windup”, al lanzador azul se le quedó alta la curva y Alfonso no lo perdonó: Desató un swing relampagueante, y elevó la pelota por encima del guantazo de Javier Méndez en el jardín central. Urquiola tropezó y no pudo pasar de primera, así que regresó bastante molesto, dándose con el casco –después que se lo alcanzó Marquetti— encima de las rodillas.

Pedro Medina atrapa la bola rápida de Rogelio García

Pedro Medina se caracterizó en su carrera por la consistencia con el madero en momentos de alta presión de juego. En 1986, bateó .363/.506/.685, 1.191 OPS, empujó 40 carreras en los 35 partidos de la etapa regular y tomó 33 bases por bolas, muestras de su gran habilidad para generar poder y turnos de calidad. En el quinto episodio, Medina atrapó una recta afuera de Rogelio y soltó un lineazo directo al callejón del left center. Javier Méndez y Lázaro Vargas estaban en los senderos, así que, ¡a correr se ha dicho!...

Lázaro Vargas, su deslizamiento feroz y esos spikes afilados de Juan Castro

En el inicio del segundo inning, en un doble robo, Juan Castro llegó a tercera deslizándose fuerte, a pesar de su lesión en la rodilla desde antes de iniciar el juego. En el tiro a la antesala del short stop Rolando Verde, Lázaro Vargas salió golpeado, y Juan Castro fue el primero en auxiliarlo en la tercera almohadilla. Pero es un juego duro, desafiante, y entonces en la parte baja del quinto episodio, después del doble de Medina, Castro pinchó con los spikes a Vargas, que entró sumamente agresivo al home plate buscando anotar para los Industriales. Aquí hay algunos recuerdos…

Euclides Rojas… casi tiene el out 27, pero Giraldo Iglesias igualó el partido

Euclides Rojas lanzó una curva afuera, bajita –como casi todo el comando de sus pitcheos— y el umpire principal Iván Davis le concedió el strike. Giraldo Iglesias fue un bateador de .324 (34-for-105) en la etapa regular de 1986, y el 97.05% de sus hits fueron sencillos, así que Euclides debía dibujar un pitcheo cuidadosamente. Iglesias hizo uno, dos, tres swings suaves, esperando a que pitcher y cátcher se pusieran de acuerdo, mientras los aficionados de izquierda a derecha en todo el Coloso del Cerro, estaban sentados en el borde de la cerca, listos para lanzarse al terreno. Una vez que Davis abrió los brazos y le pidió a Euclides que lanzara, vino una curva de rotación hermosa, pero Iglesias clavó su vista sobre ella y la mandó de rolling hasta el right field: Se empató el partido, 5-5.

El tenedor, ese swing y la grandeza de… ¡Don Agustín, a la hora de los grandes!...

…Dos bates en mano, un swing corto para dejar uno de ellos en el camino del círculo de espera al home plate. El legendario número “40” de los Industriales llegó al cajón de bateo, se ubicó del lado de los zurdos, acomodó la tierrita en el rectángulo pacientemente, miró su madero e hizo la tradicional doble cuclilla. Su rival es el hombre que usa la camisa de los Vegueros con el “22” al dorso, quien otro, el mismísimo Rogelio García, a quien todos conocen como el “Ciclón de Ovas”, por su recta humeante y ese tenedor que te hará coordinar vista, manos y swing, si es que quieres golpearlo con furia. 

En el documental “Un jonrón de película”, del director Alexander Garcell, Marquetti confesó que una de sus mayores claves para pegar grandes batazos había sido anticiparse al pensamiento del lanzador. Precisamente dos jornadas antes de su jonrón decisivo, “Don Agustín” conversaba con Rogelio en un almuerzo en el estadio Latinoamericano, y le comentaba de su tenedor. “Le dije que era imbatible ese tenedor que estaba lanzando, y él solo me contestó, sí, eso dicen…” Yo me preparé para pegarle a su mejor lanzamiento, algo que hice contra muchos pitchers en mi carrera”, confesó Marquetti a Garcell. Después de una bola, Rogelio intentó poner el tenedor en una localización bastante parecida, pero el pitcheo se le quedó alto y totalmente asequible para el contundente swing de Marquetti… 

Así lo narró el inolvidable Eddy Martin: ¡Jonrón de Agustín Marquetti, se acabó el campeonato! Miles aficionados se lanzaron al terreno, Marquetti dobló por la inicial, se puso las manos en la cabeza y, antes de llegar a la segunda almohadilla, recibió el saludo del short stop de Vegueros, Giraldo González, quien también dejó una huella histórica con su muestra de reconocimiento al éxito del contrario.

Marquetti no pasó del área del campo corto, donde la fanaticada le cayó encima para mostrarle su afecto. Como recordar es volver a vivir, las imágenes hablan por sí solas…

Cada año que pasa ese jonrón se hace aún más especial, y no solo porque, con él, el tradicional número “40” de los Industriales dijo adiós al deporte activo. Su batazo ha trascendido de generación en generación y vivirá en las memoria de los amantes del béisbol cubano, porque es una leyenda inmortal en el tiempo: El único jonrón que ha llegado para decidir sensacionalmente un campeonato.

 
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