Una obra consagrada al béisbol

El enfático y antiguo reclamo de escribir sobre la pelota criolla tiene hoy una particular vigencia, cuando nuestro béisbol atraviesa un desafortunado período. Resulta que para los cubanos la pelota “es un asunto demasiado serio, y los que algo sabemos de lo que sucede en los terrenos y sus inabarcables alrededores estamos convencidos que la solución a esta prolongada crisis pasa por muchas coordenadas, incluyendo, por supuesto, las culturales”.[1] Por eso tanto agradecemos que, de la autoría de Juan A. Martínez de Osaba, Félix Julio Alfonso López y Yasel Porto, se presente el tan esperado primer volumen de su Enciclopedia biográfica del béisbol cubano. Tomo I. siglo xix, dado a conocer por el sello de la Editorial José Martí, título en cuya cubierta elogiamos una hermosa obra de Reynerio Tamayo, quien recrea la imagen de Esteban Bellán, que fuera exaltado con toda justicia el pasado año al Salón de la Fama, al cumplirse el anhelado sueño de refundación del templo de nuestros inmortales.

En la escueta dedicatoria inicial de estas páginas se puede leer la esencia y el programa de este colosal esfuerzo en su vocación nacional y humanista: A la pelota cubana (De Nemesio Guilló a Tony Oliva). Este volumen es consecuente con una estirpe de autores y títulos que han sido claves durante más de 125 años de historiar nuestro deporte nacional. Los libros El base ball en Cuba. Historia del base ball en la Isla de Cuba, sin retratos de los principales jugadores y personas más caracterizadas en el juego citado, ni de ninguna otra del intelectual y pelotero Wenceslao Gálvez, obra seminal publicada en 1889; Habana y Almendares, o los efectos del beisbol, de Ignacio Sarachaga y José M. de Quintana, en 1892; El base ball en Matanzas. El base ball en Cuba y América, del poeta Bonifacio Byrne, dado a conocer en 1908; Base Ball. Fundamentos. Técnica. Estrategia, de Víctor Muñoz, con insuperable prólogo de Eladio Secades, y publicado en 1947; hasta los textos más recientes, como los de Severo Nieto, Roberto González Echevarría, o los varios de Martínez de Osaba y Felix Julio, dados a conocer en los últimos años, son algunos de los antecedentes ilustres que me gustaría mencionar.

La historia de Cuba y su cultura pueden escribirse desde procesos marginales como el deporte, esos costados donde también se evidencian sus iluminaciones, sus límites, sus angustias y tensiones como sociedad. Nuestra cultura, como es común en todos los pueblos y sobre todo en los que solo suman unos pocos siglos de existencia, es una acumulación que se enriquece con las apropiaciones. Así el beisbol, cuya génesis se registra en Estados Unidos, fue en unos pocos años asumido y metabolizado por el cuerpo de una tierra que hace siglo y medio se encontraban en la plenitud de su eclosión como nación en desarrollo.

La dedicación de los autores de esta enciclopedia-biográfica, llamada así con mucho tino, va más allá de simples fichas y tablas, de la enumeración de nombres y fechas, de averages y estadísticas. Es ante todo, como he reiterado, un enfoque ilustrado, consecuente con los contextos, exhaustivo sin ser aburrido, donde disfrutamos además del placer de la lectura.

En su entramado, junto a peloteros, directores, ampayas, equipos, estadios, ligas, publicaciones y cronistas, encontramos otras personalidades, que a veces se replican en algunos de los roles anteriores, donde junto a los pioneros de nuestro pasatiempo nacional, las estrellas que llenaron estadios y los peloteros mambises, encontramos a otras figuras emblemáticas de la nación. Aquí también encontramos, entre muchos otros, con legítima justicia, al autor imprescindible de nuestra literatura que es Julián del Casal; a los muchachos rebeldes de la Acera del Louvre; a los desafortunados marineros-peloteros de la tragedia del Maine; al maestro ejemplar Enrique José Varona; o al bisoño general mambí Juan Bruno Zayas.

En estas páginas la memoria reedifica el pasatiempo nacional, donde en las glorias de antaño se retoma y reconstruye lo que hoy vivimos, sufrimos y gozamos de la naturaleza previsible, pero incierta a la vez de la pelota. Cada lector, como todo aficionado, genera una percepción de su lectura como lo hace de la realidad del juego, y esa relación sensorial e intelectual le acompañara persistentemente fuera de los predios del estadio, del coro de voces de los aficionados, y de las hojas de este libro.

1 “Béisbol, cultura y nación”, nota editorial (La Gaceta de Cuba, no. 3 de 2015, p. 2).