56 SN: Un cierre atípico

Ha pasado justo una semana desde que se reanudó la 56 Serie Nacional de Béisbol con un calendario comprimido, en el cual se amontonan los dobles juegos como cajones en el garaje. Tal vez no sea tan evidente todavía, pero esta dinámica atípica va diezmando las fuerzas paulatinamente.

Dicho panorama es inusual, y provocará una caída estadística, sobre todo para los lanzadores. Además, obligará a los mentores a repensar sus formas de manejar las piezas.

Si obviamos el primer partido del pasado 5 de diciembre, cuando se reanudaron las acciones del certamen, y comenzamos una radiografía a partir del segundo choque de esa jornada, los seis elencos en lucha han utilizado un promedio de casi cuatro tiradores por encuentro.

Aparecen en ese lapso días catastróficos, en los que han desfilado por la lomita seis o siete hombres por un solo conjunto, siendo crítica la fecha después del doble, cuando los mentores se han visto forzados a utilizar más de cuatro pitchers por desafío.

Esto tiene una explicación sencilla. Si se juegan dobles cada 48 horas, las rotaciones —habitualmente compuestas por cinco hombres— se rompen, y trabajar cada cinco días se traduce en trabajar cada seis partidos.

Eso deja entonces una brecha entre el último eslabón de la rotación y el primero, momento en el que los directores tienen que echar mano a tiradores que no están habituados a realizar aperturas, y por consiguiente, difícilmente avanzan en los pleitos. Nadie escapa de este mal, ni siquiera las novenas más fuertes.

El ejemplo categórico lo vimos en el reciente duelo Matanzas-Ciego de Ávila, punteros del campeonato. El domingo por los yumurinos circularon 11 lanzadores y por los Tigres 12. El manager Roger Machado llamó en ambos pleitos al cerrador José Ángel García, líder histórico en salvamentos de la pelota cubana, y este solo pudo hacer su trabajo de manera efectiva en el primero.

Como habíamos dicho, en este punto nos damos cuenta de que, además del esfuerzo que hacen los peloteros por mantenerse fuertes ante un calendario atípico, se necesita que los directores también realicen otras lecturas de los encuentros, de acuerdo con las características de sus pupilos.

Ningún cerrador debería acometer dos rescates en un mismo día, y lo pudimos constatar con José Ángel. Sobre este compromiso, en total se encaramaron en el box del parque José Ramón Cepero ¡31 pitchers! en tres enfrentamientos.

De igual forma, este flujo inestable y creciente de lanzadores utilizados provocará que los tiempos promedios de los partidos aumenten. El 5 de diciembre,  los seis choques culminaron en media de 2:49 horas, y ya este domingo esa cifra aumentó más de 30 minutos (3:22), sobre todo tras la maratón de nueve horas en el Cepero avileño.

Estos son solo botones de muestra en esta contienda sui generis, en la cual el cansancio se acumulará para quienes tengan la presión de ganar y recurran a los más confiables día tras días. Además, los conjuntos clasificados (ya Matanzas lo está y Ciego solo necesita una victoria o un fracaso holguinero) comenzarán a refrescar sus principales brazos de cara a la postemporada, y con los de segunda línea en acción se multiplicarán los riesgos de amplios carrerajes y desfiles por la lomita.

 
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