Todo lo especial que nos dejó la final del béisbol cubano

La 57 Serie Nacional de Béisbol de Cuba, bajó sus cortinas cuando Yoelkis Céspedes atrapó en su guante un elevado de Rafael Viñales, que intentaba borrar el 3-2 de la pizarra contra una curva de Raidel Martínez: ¡Los Alazanes de Granma revalidaron su título nacional! No sé si aún lo escuchas, pero todavía se sienten galopar esos Alazanes, que ahora van camino a la Serie del Caribe 2018, en Jalisco, México.

El sabor a campeonato que dejaron los dirigidos por Carlos Martí, con una remontada histórica después de estar debajo 2-0, despertó innumerables emociones en la fanaticada del deporte que es pasión de todos los cubanos. Gracias a Las Tunas por la entrega y su batalla de principio a fin, devolviéndole vida al estadio Julio Antonio Mella y esperanzas de ese anhelado campeonato que sus aficionados soñaban por años. 

Para el director Pablo Civil los mayores créditos por consolidar este gran trabajo junto a su grupo de entrenadores. Aquí es justo también hacer un aparte: Jamás podemos olvidar el legado que dejó en el puesto de manager Ermidelio Urrutia. Poco mérito se le reconoció a Urrutia durante toda la campaña, pero su récord ganador de (269-267) con los Leñadores es admirable. Este conjunto que Civil llevó a la clasificación y reforzó con excelentes piezas, Ermidelio lo sacó de campañas intrascendentes, para conducirlo dos veces a los playoffs, a pesar de que fueron experiencias perdedoras.

Una vez más, las palmas para Alfredo Despaigne, Lázaro Blanco, Raidel Martínez y Yoelkis Céspedes. Los tres primeros, por entregarse al 100%, exponiéndose a cualquier lesión que perjudicara sus contratos en ligas profesionales. A Céspedes, por jugar lesionado de una de sus manos y ayudar al equipo a pesar de apenas poder apretar el bate para hacerle un swing potente a la pelota. Por los tuneros, otros gladiadores del diamante no se quedaron atrás: Danel Castro remolcó a su equipo con 41 años, derrochando valor y más fortaleza mental que física, ya en el ocaso de su carrera de 24 temporadas.

Quizás esta no fue la final más soñada después de que muchos esperaban un choque entre Industriales vs Matanzas o Granma vs Industriales, pero no podemos negar que a nivel nacional la expectativa fue creciendo, especialmente después del Juego 3. Las Redes Sociales fueron inundadas de auténticas iniciativas por parte de cada una de las fanaticadas de los equipos que jugaron los playoffs. Los Leñadores de Las Tunas se crearon su página en Facebook y se unieron a una pasión que ya han probado en el ciberespacio los más de 45 mil seguidores de los Industriales, Azules de la capital, liderados por Andro AC.

Ahora que la final ya es otro campeonato para recordar, aquí está todo lo especial que nos dejó el desafío entre los Alazanes de Granma y los Leñadores de Las Tunas:

1. La disposición de Alaín Sánchez

En el béisbol, como en la vida, hay instantes que definen la carrera de un hombre: La experiencia de Alaín Sánchez en postemporada había sido pésima, pero él dejó a un lado todos esos amargos momentos, y fue inmenso esta vez: Ganó dos aperturas en la finalísima, marcando el primero y el último éxito de los Alazanes para su segundo campeonato en fila. Cuando su team lo necesitó, subió al box en el Juego 2 de la semifinal contra Matanzas, y detuvo una rebelión de Cocodrilos que amenazaba con repetir el triunfo en casa. Los matanceros empataron el choque en el sexto capítulo después de estar abajo por 11-2 y, de no ser por el brazo de Sánchez, la barrida de los granmenses en Bayamo no habría sido suficiente para llegar a la semifinal en cinco partidos. Luego de lanzar 3.1 innings, Alaín pidió la pelota y se subió al box en el Juego 3.

Con su triunfo en el Juego 7, ayudado por su cátcher titular Yulexis La Rosa —un héroe anónimo que apenas se menciona— Sánchez completó récord de (4-0), convirtiéndose en apenas el 13er pitcher que logra irse invicto en una postemporada con al menos cuatro victorias. Solo tres villaclareños lo habían logrado antes: Eliecer Montes de Oca (1996), Vladimir Hernández (2003) y Freddy Asiel Álvarez (2009 y 2013). 

El Game Score que registró Alaín en el Juego 7, también se colocó entre los mejores de los 14 lanzadores que han iniciado un séptimo desafío. Guarde el listado, una joya que te obsequia BaseballdeCuba:

Año Post.# Lanzador GS
1999 14 Ormary Romero, Scu 78
2018 33 Alaín Sánchez, Grm 67
2002 17 Orelvis Ávila, Hol 66
2016 31 Dachel Duquesne, Cav 65
1994 9 Luis R. Arrojo, Vcl 64
2015 30 Yander Guevara, Cav 56
Fuente: Yirsandy Rodríguez/BaseballdeCuba.com

2. La curva de Raidel Martínez

Antes del Juego 6, escribí que para los bateadores sería mejor no morder esa curva infalible de Raidel Martínez. Con ese pitcheo, sus oponentes se fueron de 11-2, tres veces por la vía del strikeout y dos rodados para doble play. En el Juego 6, Danel Castro había iniciado la noche bateando .167 (2-for-12) contra pitcheos rompientes y Raidel falló la estrategia, lanzando una recta al centro, con la que el veterano de 41 años hizo esto:

Martínez había cometido el error de cerrar a nueve de 12 oponentes con su bola rápida, dejando a un lado la curva. No obstante, un día después, en el Juego 7, el talentoso joven aprendió de sus errores: Activó la curva y sacó a Danel Castro en elevado al right field, y el out 27 lo consiguió de nuevo con su más efectivo y elegante pitcheo:

3. Juego 4: El duelo de Lázaro Blanco y Luis Ángel Gómez

Estoy mirando el play-by-play en mi hoja de anotación y a simple vista, incluso con la frialdad de ver solo números, el duelo de Blanco y Gómez resalta como el mejor. No resultó una llovizna de las “KKKKK”, pero fueron 11 ponches entre ambos serpentineros. Varios “GB”, que simbolizan los batazos por tierra. Por ende, hay también algunas jugadas de doble play, que ayudaron a evitar más complicaciones en uno u otro desliz de ambos pitchers. A mí me encantó el Juego 4, y no solo porque los lanzadores hayan inducido a su oposición a roletear por el infield en 24 oportunidades (sumando todas las puestas en juego contra los abridores, incluyendo los hits): El Game Score promedio de ellos fue de “56” puntos, y solo el 28.5% de las BIP fueron contactos fuertes.

Como duelo al fin, después de llegar al lucky seven 1-1, Las Tunas anotó por un wild pitch de Blanco y se rompió el emparejamiento. Sin embargo, en el octavo, las aguas tomaron su nivel a favor del team de casa: Un bounce de Roel Santos abrumó a Gómez, quien recogió la pelota lo más rápido que pudo, pero en su giro tiró mal a primera. Esa carrera igualó el partido con un sencillo de Yordan Manduley, y más tres bateadores después los Alazanes remontaron la pizarra por 4-2 a su favor.

4. Las jugadas de Yordan Manduley

Tenemos unos Higthligths para mostrarte, pero vamos a irnos por la más significativa, si de ganar un partido haciendo magia con el guante se trata:

5. Carlos Benítez bateando en el “clutch”

A excepción de su primer turno de la final, cuando se ponchó contra Yoalkis Cruz, Benítez produjo casi siempre que encontró corredores en base. En toda la postemporada trabajó para un altísimo 40.0% de hombres impulsados en posición de anotar. Ese impacto fue decisivo ante una sequía ofensiva de Alfredo Despaigne y, por supuesto, la tendencia de los lanzadores en lanzarle bolas malas al cuarto bate de los Alazanes. Aquí hay algunos de sus turnos más importantes:

6. La inspiración de Danel Castro

A los 41 años, con siete meses y 27 días, todavía Danel Castro era incansable. Con esa edad se plantó en el home plate con toda su experiencia de 7649 visitas al cajón de bateo en 24 temporadas, y retó la recta de Raidel Martínez. Danel todavía puede golpear la pelota con fuerza y remolcar, no una carrera, o dos… o tres… a todo un equipo.

7. La habilidad con el madero de Roel Santos y su presencia en las bases

Creo que esto fue fascinante una y otra vez: Roel tocaba la pelota con su habilidad en el swing, recordándome a Luis Ulacia y Reemberto Rossell —de los mejores tocadores que vi desde que tengo uso de razón, ya que por mi edad no pude disfrutar a otros maestros como Wilfredo Sánchez y Eulogio Osorio— y segundos después se convertía en un verdadero martirio para los lanzadores. Se robó siete de sus ocho intentos, y su contacto apiló 21-for-45 en toda la postemporada, registrando porcentajes que parecen los de un juego de PlayStation: .467/.537/.578 y 1.115 OPS… Creo que es mejor que me ahorre su BABIP, ¿te parece bien?...

8. La entrega de Alfredo Despaigne

Ese gran jugador del número “54” de los Alazanes, es único. Sus valores lo hacen resaltar dentro y fuera del terreno, como su ética, el amor y respeto que siente por la camiseta. Despaigne no pudo conseguir lo que más adora en el home, desaparecer la pelota, pero brilló corriendo fuerte, deslizándose y repartiendo ánimos y consejos en el dugout. Sus intentos por alcanzar el jonrón fueron en vano y por eso se apretaba los labios tras cada fallo. Pero había una alegría superior: Su equipo se levantó en el momento preciso y él ayudó con su esfuerzo a la defensiva en el left field. En mi modesta opinión, Despaigne es el mejor pelotero cubano desde hace mucho tiempo, en numeritos y actitud.

9. El resurgir de Raúl González

En la inolvidable final de 2010, durante sus sesiones como entrenador de bateo de Industriales, a Omar Linares, ese astro que muchos –dentro de los que me incluyo— lo ubican como el pelotero cubano más grande de todos los tiempos, le escuché decir esto: “Muchachos, olvídense de las críticas, que el sonido del bate hable por ustedes” … Y así le ocurrió al antesalista de los Tigres de Ciego de Ávila que, luego de tener una primera fase encendida, como refuerzo de Pinar del Río terminó como líder en errores y dejando a 58 de 66 hombres en posición de anotar. Su .200 BA, .250 slugging y .614 OPS fueron decepcionantes. Sin embargo, después de que el manager Martí recibiera varias críticas al reforzarse con Raúl González, el avileño demostró que todavía puede ser un jugador a considerar. Lideró los playoffs con 15 empujadas, bateó tres jonrones y lució un 1.054 OPS digno para un jugador de la esquina caliente. ¡Su bate habló por él!

 
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