Series cubano-americanas… en La Habana (II)

El lector Bell Canada nos recuerda la primera embajada del exterior en la pelota cubana. Y tiene razón, la omitimos en el trabajo anterior. En diciembre de 1879 el Worcester, que al año siguiente sería afiliado a la National Association, se convirtió en el primer team profesional que visitó Cuba. Había sido promovido por el Hop Bitters, de la franquicia del Rochester. A continuación incluimos el texto íntegro que aparece en la Enciclopedia Biográfica del Béisbol Cubano (Tomo I), p. 196:

Bitter Hops. En algunas fuentes aparece como Hops Bitter. Nombre del primer equipo norteamericano que incursionó en Cuba, para juegos de exhibición, en 1879. Estaba patrocinado por la empresa del mismo nombre. El 25 de diciembre de 1878, derrotó por amplio margen al Almendares. La única carrera cubana la anotó Carlos Zaldo, reconocido como el primer tocador de bola en la Isla, que lo hizo por primera vez en ese partido y anotó la única carrera de los criollos. Efectuó dos desafíos (no se conoce el otro rival). Estuvo integrado por Charles (Curry) Foley y Frederick Nichols (lanzadores); Charles Bennet y Albert Bushong (receptores); John (Chub) Sullivan (primera base); Arthur W. Whitney (tercera base); Arthur A. Irwin (torpedero); Word (jardinero izquierdo); Alonzo P. Knight (jardinero y lanzador). Su director fue Frank Bancroft. Todos, menos Word, jugaron en la primera liga profesional de los Estados Unidos.

De Ty Cobb a Babe Ruth

Si algún año de Series Americanas se cumplieron las expectativas de los aficionados en el Almendares Park I, fue la del diciembre de 1910, cuando llegó a Cuba el Philadelphia Athletics, campeón de la Serie Mundial de las Grandes Ligas, quienes el día 13, contra el Almendares, fueron vencidos por José de la Caridad Méndez (5 x 2), solo toleró 5 hits. En 10 desafíos, tanto Habana como Almendares se impusieron 3-2. Para esa cita el promotor Eugenio Jiménez había ofrecido la cifra de 7 mil pesos para los jugadores norteamericanos, pero al ausentarse los estelares Eddie Collins y Frank Home Run Baker, la redujo a 5 mil.

Mas la conmoción nacional estuvo en el regreso de los Detroit Tigers, para jugar doce partidos. Crawford llegó desde el principio y Ty Cobb, por exigir más dinero, lo haría a partir del octavo. El genial y polémico Melocotón de Georgia, llenó el Almendares Park I y trascendió por varias de sus jugadas, incluidas algunas violentas, como cuando agredió al receptor Gervasio Strike González a su llegada a home; el cátcher no soltó la pelota y se fueron a las manos. Hubo intervención de las autoridades. En su primera vez al bate había conectado un cuadrangular dentro del terreno, ante los envíos de Joseíto Muñoz, en total bateó de 4-3. Después del incidente, Cobb prometió no jugar más contra negros, y lo cumplió.

Detroit Tigers en Cuba (1910)

El Detroit vendría con mil pesos garantizados por jugador en doce desafíos, más todos los gastos pagados. Cobb había pedido el doble y no se lo concedieron, a pesar de la publicidad en función de su figura. Así arribarían los Tigres al Puerto de La Habana, sin su mítica figura. Los fanáticos se defraudaron y pocos días después la Liga se vio obligada a concederle la cifra acordada, solo por los últimos partidos, en una jugada puramente económica que elevaba las recaudaciones.

Ty Cobb fue célebre por su capacidad ofensiva y la velocidad que desplegaba en el corrido de las bases. Uno de los más fabulosos estafadores, pues lo hizo en 892 ocasiones, con nada menos que 35 robos de home. Fue violento, malcriado, discriminador, narcisista, autosuficiente, abusador con los spikes y muchas cosas más, pero lo de showman nadie puede quitárselo, mucho menos disminuir un ápice su impronta.[1]

En aquellos encuentros los Tigres se impusieron 7-5. Por Cuba, desde el box se destacaron Méndez y Eustaquio Bombín Pedroso. El 28 de noviembre, Luis Chicho González les propinó una lechada y dominó a Ty en las tres oportunidades que lo enfrentó, el único cubano al que no conectó de hit, pues acumuló de 19-7 (.368).

Mucho se habló de aquella visita. Que si huraño, cómico, dichara­chero. Que si vestía bien, o anduvo con féminas, algo muy usual en sus conciudadanos. En fin, cosas faranduleras de artistas y deportistas. Pero la muchedumbre se dio el lujo de tener en persona a Ty Cobb, quien anda por la historia como un símbolo, al estilo de Stan Musial, Hank Aaron o Joe DiMaggio. En ese momento era el flamante campeón de bateo en tres temporadas seguidas: 1907, 1908 y 1909.[2]

En 1911 llegarían tres equipos a la Serie Americana. El New Britain, de la Liga de Connecticut, perteneciente al circuito clase B de Ligas Menores; un fracaso de taquilla. Echaron doce partidos, alternando entre Habana y Almendares. Solo ganaron 4 desafíos, 2 al Habana y 2 al Almendares. Volvió a destacarse José de la Caridad Méndez.

También tuvimos la visita de los New York Giants, de nuevo con John McGraw al frente, quienes en doce desafíos ganaron 9, solo tuvieron derrotas a manos del Almendares (2) y del Habana (1). Quizás el juego más espectacular haya sido aquel donde entre Bombín Pedroso y José de la Caridad Méndez, vencieron al potente equipo neoyorquino, con anotación de 7-4. La sensación del torneo resultó Christy Mathewson, el estelar lanzador del Salón de la Fama de Cooperstown, quien ganó 3 juegos y perdió 1, con 2,31 de efectividad.

El Philadelphia Phillies llegó en noviembre de 1911 y debutó el día 5 en el Almendares Park I. El Diamante Negro tuvo actuaciones notables. Según una crónica de William A. Phelon:

Méndez, el pitcher negro del club Almendares (Park), es una de las instituciones más interesantes de la isla; algo así como la Fortaleza de La Cabaña y el Castillo del Morro. Está siempre en el lugar de mayor peligro dispuesto a complacer con sus corteses especialidades, las cuales, aunque se califique de raro, tienen un efecto anonadador sobre las personas que son objetos de la demostración.[3]

El 13 de diciembre Méndez había dado una disertación de pitcheo, con lechada de 4 hits a los Phillies. Fue entonces que el manager Lobert declaró: “Méndez es un lanzador al que en Cuba llaman el Mathewson blanco; y si fuera blanco, de seguro lo utilizaríamos en los Phillies en la próxima temporada, junto a su receptor González…”

Se jugaron nueve encuentros, de los cuales los visitantes ganaron 5, alternando entre Habana y Almendares. Es bueno recordar que en esta Serie debutó un joven que haría época en corto tiempo: Adolfo Luque.

En 1912 llegó el New Orleans, de Ligas Menores, que jugó varios partidos entre el 3 y el 31 de octubre, con una recaudación por debajo de los Phillies. Entre el 1ro. y el 29 de diciembre, se jugó una serie ante el New York Lincoln Giants, de las pre Ligas Negras norteamericanas, un team con varias luminarias de aquel circuito, entre ellas el manager-jugador John Henry Lloyd, Spotwoods Poles y Louis Santop. Se enfrentaron en trece desafíos contra Habana y Almendares, de los cuales ganaron 5 y cayeron en 8.

El Philadelphia Athletics, regresó a Cuba ese año y jugaron en once oportunidades, entre el 4 y el 19 de noviembre de 1912. Se impusieron en los siete primeros encuentros, con destaque para el lanzador Jack Coombs, con cinco desafíos ganados, cuatro de ellos al Habana, incluido un cero hit cero carreras. El Almendares ganó el 21 y el 25 de noviembre.

En 1913 visitó la Isla el Brooklyn Dodgers, que efectuó 15 juegos contra Habana y Almendares. Los visitantes ganaron 10 y perdieron 5. El Habana obtuvo balance de 3-4 y los Azules (2-6).  Se destacó el lanzador Bull Wagner (4-0) y al bate los cubanos Manuel Patato Cueto (.417) y Ramón Paíto Herrera (.385), ambos del Almendares. Eustaquio Bombín Pedroso fue el único que alcanzó 2 victorias, aunque perdió 3.

En 1914 se recibió la visita del New York Lincoln Stars, un equipo de las pre Ligas Negras norteamericanas, que traía en sus filas a jugadores destacados de aquel circuito. Se efectuaron trece partidos, con balance favorable a Cuba de 8-4, y un empate. Por ellos brilló el lanzador Dick Redding (2-3), el mismo que en aquel circuito había lanzado un juego de 25 ponches y posteriormente dejaría una bonita huella en el béisbol de la Isla, y a la ofensiva Spottswood Poles (.313). El Almendares ganó 6 juegos y perdió 1, destacándose Cristóbal Torriente (.350) y los pitchers Adolfo Luque y Bombín Pedroso, ambos con 2-0, Méndez alcanzó 1-1. El Habana tuvo un balance de 2-3 y 1 empate. Por los Rojos de destacaron Armando Marsans (.286) y el lanzador José Acosta (1-0).

En 1915 arribaron el Saint Louis Terriers y el Indianápolis ABC. El primero llegó a La Habana en el mes de marzo, con una delegación de 27 personas, incluidos periodistas. Ellos pertenecían a la llamada Liga Federal, un intento de incorporar un tercer circuito a las Grandes Ligas, que no llegó a fructificar. Con ellos estaba el cubano Armando Marsans, quien se desempeñaba en las Mayores desde 1911. Debido a la fecha escogida, varios de los jugadores más destacados de la Isla no pudieron participar, por cumplir compromisos en el exterior.

Para enfrentarlos se organizó una selección Almendares, con jugadores en su mayoría de menor nivel. José de la Caridad Méndez defendió la tercera base y lanzó en varios partidos, pero mal defendido perdió 3 juegos con scores apretados. La serie se pactó a once encuentros, de los cuales los visitantes ganaron 9, ocho contra el Almendares y 1 contra la selección Habana.

El Indianápolis ABC, de las pre Ligas Negras norteamericanas, pactó 21 desafíos con los equipos cubanos y alcanzó un balance de 8 victorias y 12 derrotas, con un empate. Por ellos volvería a destacarse Dick Redding (6-5). Un hecho que resultaría histórico, fue la presencia del extraordinario jardinero zurdo Oscar Charleston, quien dejaría una huella notable en la Liga Profesional Cubana y en los Estados Unidos, para muchos el mejor jugador de aquellos circuitos.

El Almendares ganó 5 y perdió 4, con destaque para Adolfo Luque (4-2). A la ofensiva se lucieron Cristóbal Torriente (.385) y el receptor Gervasio Strike González (.344). Por su parte, el Habana obtuvo un balance de 6-3, con Jacinto Calvo (.344), y Miguel Ángel González (.333). Entre los lanzadores se destacaron José Acosta (2-2) y Pastor Pareda (2-0). También el Indianápolis enfrentó al San Francisco, de la Liga Profesional Cubana (1-1).

Los Pittsburgh Pirates, de las Mayores, estuvieron en Cuba entre los meses de octubre y noviembre de 1919. Enfrentarían al Habana y el Almendares, en el Almendares Park II, inaugurado un año antes. Efectuaron 18 desafíos, de los cuales los visitantes ganaron 10 (4 al Habana y 6 al Almendares), y perdieron 7 (4 con Habana y 7 con el Almendares), con 1 empatado.

Como parte de las celebraciones por el 10 de octubre, se celebró el primer desafío, con una asistencia récord, según datos de la época, teniendo que ajustarse las reglas al tener que permitir aficionados en las zonas de primera y tercera.[4]

El mismo diario asegura que el 7 de noviembre de 1919, en el Almendares Park II, se celebró un desafío entre el Pittsburgh Pirates y los amateurs de la Universidad de La Habana, donde se impusieron los visitantes 6 x 0 (el investigador Martín Socarrás asegura que fue el día 8).

Asimismo, en la segunda mitad del noviembre de 1919, una vez terminada la visita del Pittsburgh, llegó a La Habana un team denominado All Americans, para enfrentarse al Habana (3-1) y el Almendares (4-2), más 1 empate. La visita se vio interrumpida, después de 10 juegos, por la partida de los visitantes, que solo pudieron ganar 3 de 10.

Ya están camino de Norte América varios players de los que componían el famoso All Americans… Otros también preparan sus bagajes… ¿Por qué no terminaron su serie con los clubs cubanos como lo hiciera el Pittsburgh? ¡Imposible! No venían revestidos de la disciplina y severidad que predomina en el seno de todos los teams de las Grandes Ligas -precisamente de donde proceden casi todos ellos… Faltaba un manager que les exigiese y les obligase a cumplir con su deber y a proceder con más interés en las justas en que tomaron parte, a las cuales asistía el público con deseos de ‘ver jugar a la pelota’ y no de presenciar espectáculos tan poco favorables para el buen nombre de los que en ellos toman parte. En fin, que el pago a sus pocos deseos de lucimiento y su demostrada indiferencia en ganar o perder, ha tenido como único lógico resultado, que el Señor Linares (Abel) rescindiese el contrato que tenía con ellos, y… los mandase a paseo. El que a estas horas, con toda seguridad deben estar disfrutando.[5]

Y para 1920, La Habana y Santiago de Cuba volverían a vibrar de emociones, con la llegada del fenómeno Babe Ruth, un Bambino inigualable.

(Continuará).

[1] Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga: La estrella fugaz de Ty Cobb en La Habana. Cubadebate, 8 de agosto de 2015.

[2] Ídem.

[3] Severo Nieto: José Méndez, El Diamante Negro, p. 40.

[4] Diario de La Marina, 11 de octubre de 1919.

[5] Diario de La Mariana: ¡All Americans good by! 3 de diciembre de 1919, columna 2, p. 15.

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