Ha muerto Piti Rivera, ¡pero su voz vive realmente!

Por: Yirsandy Rodríguez Hernández

“Siento tu partida, amigo, pero tu fe y deseos de vivir me dan fuerzas para continuar en esta humilde profesión. Gracias por tu amistad y dedicación al béisbol por tantos años”.

La primera vez que hablé con Ramón “Piti” Rivera, una de las voces imborrables de Radio Rebelde —de las más acogidas por la afición cubana desde las huellas radiales que dejó el maestro Bobby Salamanca—, fue en diciembre de 2004. Hora y media antes de una jornada dominical de la 44ta Serie Nacional de Béisbol, nos encontramos en el elevador del estadio Latinoamericano —funcionando en aquel entonces—, camino a las cabinas de trasmisión y anotación. 

Yo tenía 15 años y, por supuesto, no iba a perderme la oportunidad de saludar a quien escuchaba en la mesa de mi casa con el radio de mi abuela, viejo, pero con la ventaja de que se podía escuchar la pelota en la era de los apagones. Él miraba abajo, chiflando bajito, y a mí, que me encanta la conversación —los que me conocen sabrán que no miento—, aproveché para decirle: “Hola, Piti, ¿cómo está?” Al unísono, levantó la cabeza y me dijo, “¡qué tal, niño!”, amablemente. Pasó un corto segundo y entonces le pregunté qué le parecía la Serie Nacional, y rápidamente (ya saliendo del elevador), me confesó que veía mucho más pitcheo ese año. 

Aquella tarde jugaban Industriales y Pinar del Río en diciembre de 2004, y ambos nos encaminábamos a ver un duelo entre Pedro Luis Lazo y Yadel Martí. “Y a ti, ¿te gusta el béisbol?”, me preguntó. Le dije que sí, que estaba trabajando con los Anotadores Oficiales, procesando jugada a jugada el partido para subir la información al nuevo sitio web del béisbol cubano (tarea que me había encomendado Carlos del Pino). 

Cuando nos estábamos acercando a las cabinas, pensé que él dejaría de conversar para prepararse para la transmisión de Radio Rebelde, pero me sorprendió, pues se quedó parado en el pasillo para hacerme una pregunta. “¿Te gusta la narración?”, preguntó. Le respondí que sí, lo que más me apasionaba era llevar los numeritos. Él me dijo que eso le gustaba mucho también, y que apreciaba mucho ese trabajo. Lo miré a los ojos y tenía, como siempre, esa vista que tienen las personas nobles, que te brindan humildad y que, realmente, sienten lo que te están diciendo. 

Todavía lo recuerdo, y más hoy, cuando mi abuela me llamó al instante de escuchar la triste noticia en el noticiero del mediodía: Ha muerto Piti Rivera, el hombre sencillo que —al menos a los seguidores del beisbol de mi generación— logró cautivar por años, llevándonos la descripción del día a día con mucho respeto, sencillez y pasión. “Piti” estaba enfermo hacía más de un año, pero recibía a todas las personas que iban a verlo, siempre con una sonrisa, mucha fuerza mental y deseos de vivir. 

Dentro del ir y venir, lo visité tres veces con mi amigo Daniel Martínez, y en ambas ocasiones pasamos un buen tiempo juntos. Él estaba muy esperanzado, a pesar de que su enfermedad le ganó la batalla en la madrugada de este martes 13 de febrero. En los últimos meses Piti estaba escribiendo de béisbol para la web de Radio Rebelde, adentrándose en las Ligas Invernales, lo que significó un oasis para nuestros seguidores, pues éramos de los pocos que tocábamos esos temas desde 2014 y 2015. También hacía sus comentarios en el programa “Panorama Deportivo de Radio Rebelde”, donde siempre tuvo un espacio para su voz, ya algo deteriorada, pero aún fuerte y tenaz hasta sus últimos días.

Yo siempre le dejé saber a “Piti”, que me hubiese encantado trabajar con él, aunque fuese en apenas una transmisión. Me quedé con esos deseos, pues él se retiró a pocos meses después de que su enfermedad comenzó a agudizarse y requería de un tratamiento más riguroso. Todavía lo admito. De las cosas que me faltaron en Radio Rebelde, una de ellas fue trabajar con Rivera en el béisbol. Sobre todo, porque siempre me demostró su interés por lo moderno en materia beisbolera. Él apreciaba hacerme preguntas sobre lo que yo conocía de la “Sabermetría”, mostrándose interesado por seguir incrementando su amplio conocimiento, aun al estar a punto de su retiro, allá en 2014. ESO TE DICE MUCHO SOBRE LA PERSONA QUE ERA. ESO TE DEJA SABER SUS DESEOS DE VIVIR.

Todavía guardo cada uno de sus últimos mensajes, y aún valoro cómo fue de los pocos que se preocupó por mí cuando decidí buscar una perspectiva más allá de Radio Rebelde. Se interesó por “cómo estaba”, y no “dónde estaba”, demostrándome su verdadero aprecio como único interés, por encima de todo. Hoy no está, y creo que es una pérdida inmensamente dolorosa. Él podía darnos mucho más de sus innumerables cuotas de humildad y sencillez a nosotros, las nuevas generaciones. 

De él podíamos aprender hasta de solo escucharlo, y no cabe duda que ha sido el referente de muchísimos profesionales de la narración deportiva en Cuba, pues, a la hora de describir el juego, estaba dotado de un grueso pincel, que decoraba cada jugada en el diamante con esa voz agradable de frases exactas… de béisbol 100%. ¿Cómo olvidar el?... “Hit de línea al left field, vienen dos para la goma”, sus jonrones o el “tirándole al tercero, ¡se poncha!” … Qué mejor prueba de amabilidad detrás del micrófono, que sus presentaciones siempre invitando a mantenernos en sintonía, aún después de aquellas despedidas donde nos llamaba a todos los oyentes “gentiles amigos”. 

Ya en medio de su enfermedad —como casi siempre— llegaron los premios, pero no hay uno más grande que su legado, y su voz, aún en nuestros corazones beisboleros.

Ante una noticia tan amarga como esta, se une mi dolor al de la inmensidad de personas que lo admiramos, y que pudimos conocerlo de cerca. Partió uno de los grandes narradores en la historia del béisbol cubano, de los que entregó gran parte de su vida para hacernos felices describiendo más allá de bolas y strikes. ¡No ha muerto un hombre! ¡Jamás se apagará su voz! No muere jamás quien vive realmente en nuestra memoria y en esos recuerdos inolvidables que perduran por toda la vida.

¡Paz a tus restos, amigo!

 

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