57 SN: Dios en el cielo y el Miche en la Isla

Ni la polémica salida de Mandy Johnson después de 17 años dirigiendo al equipo Isla, ni cuando perdimos 4 lanzadores y casi toda la línea central de un tajo, ni la derrota ante Ciego que en la Serie 54 nos arrebató en un séptimo juego el sueño de ser campeones por primera vez, ni la pérdida del prometedor Héctor Mendoza, ni el casi materializado traspaso de Dainier Gálvez para el equipo de los Tigres esta temporada. Ni todo esto junto ha conmocionado tanto a la Isla, beisbolera y negativamente hablando, como hace unos días cuando Michel Enríquez quedó excluido de la nómina Pirata por haberse contratado en la Liga Mexicana a título personal.

Ni siquiera en 2007 cuando se supo que sería sancionado por haber agredido a un árbitro nos invadió tanta tristeza. En aquel entonces nos preguntábamos: ¿Cómo un hombre de la talla de Michel pudo hacer eso? Ahora nos preguntamos: ¿Cómo a un hombre de la talla de Michel pudieron hacerle esto?

Sucede que Michel, para quienes habitamos este chispazo de tierra, es de nuestras cosas más sagradas. “Dios en el cielo y el Miche en la Isla”, dice siempre un amigo. Claro, con la gran diferencia de que esta fe desmedida que le profesamos los pineros, y ahora me consta que también gran parte de los cubanos vivan donde vivan, no ha sido por designio divino, sino porque él se la ha ganado a rendimiento, liderazgo, entrega, humildad, sentido de pertenencia y valores humanos dentro y fuera del terreno de pelota.

Ahora podría yo ponerme a disertar aquí (no por avezada en el tema sino porque se caen de la mata los ejemplos) acerca de la omnipotencia con la cual la Comisión Nacional de Béisbol realiza las contrataciones de los peloteros cubanos en el extranjero.

Ellos eligen a quién contratan, dónde y por cuánto dinero y los contratados no tienen derecho a réplica, a negociaciones, a un “quítame esto o ponme esto otro en el contrato”, que sería lo más normal en estos casos. Solo tienen dos opciones: o lo toman o lo dejan; y por supuesto que lo toman, pues siempre será más que lo que reciben acá.

Si un jugador deja de ser de interés para la Comisión en estas contrataciones por su edad o por lo que sea, y puede conseguirse con sus propios esfuerzos un contrato mejor que el que le gestiona esta entidad, y continúa con la misma disposición para defender la camiseta de su terruño en la Serie Nacional queda excluido, como ya se ha visto.

Si fuéramos así de radicales para combatir las indisciplinas, abusos de poder, inmovilismos, mentes obtusas, oportunismos, desidias, ineficiencias y una larga lista de males que circundan hoy a nuestro pasatiempo nacional, el béisbol cubano fuera más disfrutable, o al menos, no tan sufrible.

Pero Michel me ha dicho: “no siento que le debo explicaciones ni justificaciones a nadie más que no sea a la gente de mi Isla de la Juventud amada”. Y si él siente que no debe explicar nada, menos tengo que hacerlo yo.

Pero si vamos a hablar de dineros sería bueno hablar de todos los dineros: por ejemplo, de los 20 millones que le ofrecieron alguna vez para que abandonara el equipo Cuba –hasta un programa Tras la Huella hicieron con eso- o del que sale de su bolsillo frecuentemente para apoyar el béisbol pinero en la base, que subsiste, como en casi todo el país, por altruismos como este de Michel y por el sacrificio de padres y entrenadores.

Y si a alguien no tiene que explicarle él absolutamente nada es a nosotros los pineros que sí tenemos la medida exacta de cuánto vale como atleta, cómo la tenían también quienes le ofrecieron más de una vez entrar por la puerta ancha al mejor béisbol del mundo.

Nosotros tenemos, además, el enorme privilegio de saber quién es el Michel persona, el que va más allá del tercer pelotero de mayor average histórico en el béisbol cubano, recordista de hits para una temporada, recordista de dobles en nuestras Series Nacionales, Campéon Panamericano, Centroamericano, Intercontinental, Mundial, Olímpico, y Subcampéon del Clásico de 2006. Y el título que le falta con los Piratas, ya se lo hemos dado. El quedarse aquí, derrochando grandeza y humildad en las cuatro esquinas de esta Isla nos vale el campeonato que no tenemos.

Conociendo ese afán suyo de rehuir del protagonismo siempre que no sea en la antesala o el cajón de bateo, creo tener las primeras y seguro únicas declaraciones que dará Michel al respecto: “Este iba a ser mi último año con los Piratas, me iba a retirar después y lo iba a informar en el momento indicado, pero si ellos quieren que sea de esta forma, pues así será”, me ha dicho y se me ha estrujado el corazón, un poco más y aunque la comunicación vía chat me ha privado de ver el dolor en su mirada, me lo puedo imaginar… porque batear y ser sensible siempre ha sido lo suyo.

A Michel lo vi yo, llorando como un crío, pedirle disculpas a sus compañeros de equipo porque no podría acompañarlos en el juego de comodín en la serie pasada por tener que irse al parto complicado de su esposa; quien logró concebir después de unos largos y tortuosos tratamientos para la infertilidad, una de las razones por las cuales él tuvo que continuar en México después de concluir su contratación oficial con los Piratas de Campeche y que aprovechó por gestión propia para integrarse a Los Cañeros de los Mochis y Los Centinelas de Mexicali.

Lo he visto cuando los niños le dan una pelota para que se la firme entregarles la pluma y pedirle un autógrafo a ellos de vuelta. Cuando Michel empuja la carrera del gane para los Piratas luce un hombre muy feliz, pero he sido testigo de que lo es más cuando un montón de pequeñines agradecidos por los bates, pelotas, trajes, guantes que les trae de sus viajes, se abalanzan sobre él como un avispero.

Yo he visto la plenitud que lo embarga tras conquistar cada marca personal en la pelota, pero también cuando puede alegrarle la vida con sus donaciones o simplemente su presencia a los infantes que padecen enfermedades oncológicas, a los sin amparo filial, a los abuelitos de los asilos. Por eso, aún con un chat frío mediando la conversación, puedo imaginar el dolor en su mirada.

Siempre sospeché que mi crónica más hermosa la escribiría el día del retiro de Michel por varias razones: porque es mi pelotero preferido, porque a la gente que hace por mi tierra la tengo siempre en un pedestal, porque el béisbol y la Isla ocupan 50 % y 50 % mi corazón y Michel es el béisbol y el béisbol es Michel, y Michel es la Isla y la Isla es Michel. Muchas veces, escribiendo acerca del Súper 12 me había autoregulado “no te gastes todos las balas, que aún queda el retiro”, solía decirme.

Pero en la vida, como en la pelota, hay veces que recibimos un inesperado nocaut. Ahora resulta que su presunto retiro me agarra con la pistola descargada de metáforas, de símiles, de esos recursos literarios con los que podría yo describirles a ese ser de otra galaxia que es Michel. Me sorprende, más bien, con la pistola cargada de indignación, de desilusión, de esa sensación podrida que nos embarga cuando ronda cerca la injusticia y la ingratitud.

La coyuntura que circunda el presunto retiro del pelotero más grande de la historia del béisbol pinero -y que va a sumarse al parecer a la lista de otros encumbrados de esta disciplina en el país que nunca tuvieron el suyo a la altura que merecían – me escupe a la cara la evidencia de un mundo dividido en dos: los Michel, que aman y fundan; y los mata Michel, que podrían llamarse también mata sueños, mata hombres, mata pueblos, mata hombres que son pueblos y, por supuesto, mata crónicas.

Pero como a los buenos pitchers ahora me tocará a mí autorelevarme…y entonces, lo sé, me saldrá de un disparo, la crónica más hermosa que voy a escribir en la vida.

 
Cinco elencos mantuvieron su invicto este martes
Campeón vuelve a caer, dos nocaos en la tarde
Campeón en deuda ofensiva, cae nuevamente ante La Isla
Campeón triunfa y evita una vez más barrida
Out 27: Rebelión pinera en casa de Víctor Mesa
Talión sobre el diamante
La Serie para, pero el béisbol sigue
Si de refuerzos se trata. La Isla ya es tercera

ver más

57 SN: Dios en el cielo y el Miche en la Isla

ver más