¿Cultura beisbolera y la historia del béisbol en Cuba?

La común frase de que “el cubano sabe de pelota” se escucha con frecuencia en numerosos entornos, en los que la gente sostiene una y otra vez que las personas en nuestro país conocen mucho sobre el deporte de las bolas y los strikes. La realidad es que cuando se está jugando la Serie Nacional (sobre todo el play off) o un evento internacional que atrae atención, todos alzan sus voces con una opinión “especializada” respecto al tema, todos creen tener la verdad en la mano, y saber con certeza de qué están hablando.

Pero ¿es esto indicador o muestra de que el cubano como individuo conoce de béisbol?

En los últimos tiempos, el debate sobre la popularidad del fútbol sobre el béisbol ha sido encarnizado y muchas personas culpan la incesante transmisión de partidos de “el más universal” opuesta a la casi nula transmisión de partidos del béisbol de grandes ligas en la televisión nacional. Pero ¿realmente es el fútbol el culpable? No. Se trata de mucho más que eso, se trata de que el béisbol cubano y su historia sufren constantes mutilaciones por parte de quienes deberían ser los encargados de su preservación y conservación.

La parcial ignorancia que tienen sobre el béisbol los que deberían saber de él más que un motivo de gracia resulta ser una vergüenza para todos los que amamos este deporte. Y no debemos centrarnos solamente en la gente común: peloteros, directivos y periodistas deportivos también caen en faltas tan ignominiosas como no conocer quién fue Esteban Bellán (tal vez el más mítico e interesante personaje y pionero en la historia del béisbol en Cuba) y hasta asombrarse cuando se escucha el nombre de Martín Dihigo y lo que este fue capaz de hacer. La falta de cultura beisbolera en Cuba no se detiene solamente allí, pues hay quien dice tener conocimientos, pero no tiene ni idea de cómo calcular el promedio de bateo o el de carreras limpias, eso sin contar el OBP o cualquier otra fórmula sabermétrica — casos en los que sería pedir demasiado.

Hay que partir por el hecho de la gran desinformación que existe: nadie se encarga de poner al día a la fanaticada sobre todo lo que ocurre en el deporte de las bolas y los strikes, tanto fuera como dentro de Cuba, y las omisiones a veces son tan ridículas que indignan, como el hecho de que no se divulgue la cifra por la que firmó Alfredo Despaigne, o que no se diga cómo le va a los cubanos en las grandes ligas, tema tan llevado y traído que a veces se corre el riesgo de caer en repeticiones o de tornarse aburrido.

Cubanos en Cooperstown

Los fanáticos cubano al béisbol son tal vez los que menos conocen, muchos no tienen ni idea que el Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown tiene placas de cuatro compatriotas, que uno de ellos (Tani Pérez) aún vive, y que su hijo (Eduardo Pérez) era el que le gritaba cosas a Pedro Luis Lazo desde el dugout de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol de 2006. Igualmente, muchos que no merecen perdón se preguntaron quién era el hombre que lanzó la primera bola junto con el propio Lazo en el partido ante los Tampa Bay Rays en La Habana, cuando ese hombre responde al nombre de Luis Tiant, uno de los más grandes del box que haya dado este país. Los baches pasan también por luminarias como Adolfo Luque, Alejandro Oms, Cristóbal Torriente, José de la Caridad Méndez, o los grandes pioneros Nemesio Guilló y Ernesto Guilló.

El que no se conozca la historia del béisbol en Cuba en sentido general por parte de los fanáticos es un fenómeno que proyectos como el programa “Béisbol de Siempre”, “Meridiano Deportivo” y otros están tratado de paliar — pero sufren de ser transmitidos en un horario en el que no tendrán mucha teleaudiencia. Pero el bache es demasiado grande, y una aparición una vez a la semana no puede cerrar brechas provocadas por décadas de silencio y desinformación. Los libros de historia del béisbol cubano que se han publicado recientemente pueden hacer muy poco ante una juventud cada vez menos consumidora del papel y la tinta y más asidua a las tecnologías, la WiFi, los tablets y los smartphones.

Para empeorar las cosas, escuchan cada vez menos a los que aún tienen en su memoria (y viven) recuerdos del circuito profesional de La Habana, la Unión Atlética Amateur, los Cuban Sugar Kings o las primeras Series Nacionales. Esas voces son cada vez menos y más aisladas… y los que siguen y tratan de mantener vivo ese legado cuentan con muy poco apoyo y reciben las constantes “apuntadas de dedos” como problemáticos o incendiarios. Para nada es de extrañar que la mayoría de los llamados fans al béisbol en Cuba solamente lo sean de lo que pueden ver en Tele Rebelde, descargar del paquete (fenómeno en Cuba que consiste en copias a través de dispositivos extraíbles de todo tipo de material audiovisual que no aparece en la televisión cubana), escuchar en la radio o leer en la prensa plana. Por consiguiente, el nivel de información y conocimiento es bien limitado, manipulable y encasillado.

Luis Tiant

El pasado a veces resulta totalmente desconocido, y el hecho de que niños cubanos que practican el béisbol en un área especial o en una EIDE no tengan idea de quién fue Martín Dihigo es casi tan imperdonable como que un niño de Little League en Estados Unidos no sepa quién fue Babe Ruth… piénsenlo: incluso algunos de los nuestros saben quién fue Babe Ruth, o al menos pueden decir que era “un gordo ahí que jugaba pelota en los Yankees y era bueno”. Eso es más de lo que pueden decir muchos sobre Dihigo, no saben dónde jugó, no saben que está en Cooperstown, y no son capaces de enmarcarlo en una época determinada — y en esta “falta” incurren incluso hasta peloteros activos y miembros de la selección nacional.

Babe Ruth

Historia aparte, está además el caso de la cultura general respecto al juego de béisbol. Si bien hay que reconocer que muchos sí conocen de reglas, y que tienen dominio de la mayoría de jugadas y fenómenos que pueden darse en un choque de pelota, usualmente las cosas no pasan de allí. ¿Cuántos fans del béisbol cubano pueden llevar la anotación de un encuentro? ¿Cuántos conocen los procesos que deben seguirse para llevar un partido y tener así la posibilidad de saber a ciencia cierta todo lo que sucedió apenas de mirar un box score? Y lo peor: ¿cuántos de los que no tienen internet han visto de veras un box score y con qué frecuencia?

En la prensa cubana hace AÑOS que no se imprime un box score, y la presencia del linescore (o anotación por entradas) es una ayuda, pero resulta insuficiente y aporta muy poco a la cultura beisbolera de los fans… no son más que números fríos que en ocasiones pueden obtenerse de tomar una foto de la pizarra del estadio una vez que cae el out 27. Conocemos que por cuestiones de espacio se hace imposible incluir todos los box scores en el periódico, pero una vez llegada la gran final de la pelota cubana, no hay razón por la cual ni pueda hacerse, sobre todo porque puede llevarse a cabo en una mini-columna que no tenga mucho espacio, y así le ahorrarían muchísimo a quien tenga que escribir, que podría entonces redactar una crónica más rica en hechos y menos centrada en estadísticas o los números.

En gran medida, mucho tiene que ver lo que seamos capaces de hacer nosotros mismos, pero la lucha es bastante difícil: si quienes narran la pelota dan más importancia a mandar saludos a no se sabe cuántas personas que a enamorar a la gente del juego, de su historia y de sus particularidades, es muy difícil que los consumidores sigan queriendo consumir. No creo que la pelota cubana sea tan mala como para que a la gente le guste cada vez menos: es cierto que la calidad ha disminuido, pero no tanto para que haya crecido la apatía de aquellos para quienes el béisbol existe.

Todo esto evidentemente cae en el círculo vicioso de cuánto se ha sepultado la historia del béisbol cubano, primero pretendiendo que antes de las Series Nacionales no había béisbol, a menos que lo encasillen con el apócrifo mito de que lo inventaron los Taínos (con el juego de Batos). La pelota en Cuba existió desde el mismo siglo XIX, cuando los mambises se fajaban a machetazos contra unos españoles que portaban fusiles Máuser que disparaban con cargadores de cinco tiros (gracias, Juan Padrón, por Elpidio Valdés). Esos mambises también jugaron pelota, y el ejemplo más claro resulta precisamente Emilio Sabourín, quien jugó en el mítico partido del Palmar de Junco el 27 de diciembre de 1874 y luego murió en una cárcel de Ceuta.

A principios del siglo XX, el béisbol fue un símbolo de patriotismo, sobre todo en las llamadas Series Americanas, cuando equipos de grandes ligas se enfrentaban a conjuntos cubanos, y en los que resaltó José de la Caridad Méndez como figura y símbolo del antimperialismo, sobre todo por el sentimiento antiamericano que existía en vista a las intervenciones yanquis en Cuba. Y eso no impidió que Méndez fuese exaltado a Cooperstown, como decisión del comité de las Ligas Negras.

El béisbol, como dice Félix Julio Alfonso, es parte importante de la cultura e identidad de nuestra nación, y no podemos darnos el lujo de que siga muriendo en el corazón de la gente, y sentarnos a culpar de ello a la Comisión o la Dirección Nacional, o la Federación Cubana de Béisbol es una actitud bien facilista: ellos son parte del problema, y una GRAN parte, sin dudas, pero no son todo el problema… como mismo tampoco la televisión y su inundación de fútbol y ausencia injustificada de béisbol (que le hace perder el derecho a examen final) pueden ser llamados únicos responsables de un fenómeno del cual tenemos responsabilidad todos los que de una forma u otra tenemos una voz ante la gente y la opinión pública.

Culpar (aunque con razón) es fácil, pero lo difícil es brindar soluciones. Es cierto que esas soluciones (dígase, por ejemplo, el intento de rescate del Salón de la Fama del Béisbol Cubano) en muchas ocasiones se han encontrado con trabas infranqueables y oscuras fuerzas poderosas, pero ni los mambises ni los rebeldes se rindieron ante las primeras derrotas… no está en los cubanos rendirse, y no debe estar en nosotros rendirnos ante las primeras (y sobre todo esperadas) señales de adversidad.

Nos toca centrarnos en ver cómo hacemos para que la pelota vuelva al corazón de la gente, y para que la gente que sepa de pelota sepa de verdad, es un proceso largo y complejo, pero no es imposible y tampoco tan difícil. Rescatar la cultura beisbolera de la nación cubana va más allá de la proyección de materiales audiovisuales y el valiente esfuerzo de mostrar que sí existía un béisbol antes de las Series Nacionales. Estos esfuerzos no son la única vía, pero sí muestran cuál es el objetivo: devolvernos el béisbol.