IV Serie Nacional Sub-23: Cosas en pelota

Que hay sequía, se sabe. Pero eso no justifica la lluvia de errores que se cometieron en la primera subserie del torneo sub-23. De todo tipo, pero hablemos primero de los que van a las hojas de anotación. Fueron jornadas aciagas, así de crudo: ¡cien pifias en 32 juegos!.

Solo en par de partidos se jugó con defensa hermética: el primero entre Matanzas y Cienfuegos y el tercero entre Camagüey y Ciego de Ávila. En el resto de los duelos hubo «manchas» con el guante en la mano. Y no todas cometidas con roletazos, algunos fly también picaron inexplicablemente.

Hasta ahora, los pequeños Cachorros de Holguín han exhibido los mayores descocidos. El día que menos pifiaron fue ayer, y se apuntaron tres errores. En el juego inaugural frente a Santiago de Cuba cometieron cinco «deslices» y en los dos siguientes cuatro en cada uno. Números para el olvido. O mejor, para el análisis.

Se justifica entonces que se hayan ido del Guillermón Moncada con el cuerpo hinchado por las tantas picadas de las Avispas. Ellos y los tigrecillos de Ciego de Ávila fueron los únicos que no pudieron evitar este miércoles la escoba, pues Guantánamo, el otro que estaba en remojo, se despidió del Mártires de Barbados», de Granma, con un éxito por nocao.

Al parecer, se va convirtiendo en un mal sin cura la situación de la defensa en los torneos élites de nuestro pasatiempo nacional. En las más recientes series nacionales también ha sido «inusual» —para emplear un término noble— la cantidad de errores, hasta con lances muy cómodos. Hasta que el árbitro canta el out, uno no está seguro. Y eso, hablando claro, no es buen béisbol.

No podemos negar que una cifra nada despreciable de talentos que hoy debieran estar jugando en el campeonato sub-23 optaron por otros rumbos, y sus puestos han sido asumidos por otros, a veces hasta «quemando etapas». Esa puede ser una causa, pero no la más importante.

Se nota también con frecuencia falta de dominio de los fundamentos técnicos, y también del tan llevado y traído «oficio» que, en palabras de Ariel, un forista de nuestra edición digital, «es hacer en cada momento lo que corresponde y eso se aprende estudiando en teoría cada situación para después practicarlo en el terreno miles de veces».

En la pelota elite, el out tiene (y no digo debe) que ser out. Esa es una de las garantías de la calidad del juego. Y del espectáculo. Lo otro sería contribuir a que los aficionados no llenen las gradas. O prefieran preguntar, ¿quién ganó, el Barça o el Madrid?.

 
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